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EL ESPECTACULO Y LOS ANTI-VALORES CRISTIANOS Imprimir E-mail

 

 

calle_13"Extracto de la intervención que pronunció monseñor Eugenio Romero Pose, obispo auxiliar de Madrid, pronunciada en el primer Congreso Mundial de las Televisiones Católicas". Sin duda que hoy en dia es urgente denunciar los antivalores presentes en muchas formas de espectaculos...

 

 

 

"Comunicación y evangelización


Los cristianos de las primeras comunidades denuncian los espectáculos, como un medio singular de comunicación, por estar unidos a un culto a los dioses que esclaviza a los que acogen el mensaje transmitido; la primera generación cristiana con esta crítica provoca la denuncia a unos modos de Comunicación social cuales son los espectáculos que tienen como fin mostrar una visión del mundo y una pauta de comportamiento a la sociedad.

Un ejemplo muy significativo es el que nos refiere el libro de los Hechos de los Apóstoles (19, 23-41): la predicación de Pablo origina un conflicto. El escenario es el teatro de Éfeso; la causa la palabra del apóstol y los suyos que se pronuncian sobre el culto a Artemisa (Act. 19,23-41); el teatro, como el lugar en el que el pueblo se puede reunir en su totalidad, es el espacio en el que Pablo no teme denunciar la idolatría y hablar de un modo totalmente nuevo sobre Dios y sobre el hombre.

También en nuestros días los Medios de Comunicación son espacios o escenarios reales y virtuales donde se convoca a todo el pueblo para que contemple y reciba multitud de mensajes. Si el teatro, en los días de san Pablo, era uno de los lugares donde se reafirmaba y defendía la religión tradicional, de igual modo los principales Medios de Comunicación actuales pueden ser los ámbitos donde se reafirma o rechaza determinados valores, en no pocas ocasiones bajo formas crípticas pseudoreligiosas, como nuevos modos de idolatría. No está de más desvelar las nuevas idolatrías en las nuevas plazas y pantallas, por no decir teatros –lugares de espectáculos- de comunicación audiovisuales.

A tenor del relato de los Hechos de los Apóstoles a Pablo no le permitieron, después de ser aconsejado por los suyos, a acudir al teatro y participar en el debate. Era intención del apóstol de las gentes acudir al teatro para buscar un lugar de dialogo y de comunicación. En esta ocasión en lugar de Pablo se presentaron sus discípulos, Gayo y Aristarco, poniéndose éstos en el mismo plano y en la misma dimensión que el pueblo reunido.

La narración de los Hechos de los Apóstoles muestra una evidente contraposición: por una parte, el teatro con su contenido religioso y, por otra, el cristianismo. La vida de la Iglesia seguiría la pauta de este incidente como se reflejará, posteriormente, con toda nitidez en numerosos cánones conciliares, en toda la geografía eclesial, que transmiten el sentir de la comunidad cristiana ante los espectáculos y modos de comunicarse y relacionarse los cristianos ante el mundo. El relato lucano, al que nos referimos sin abundar en posibles explicitaciones, puede ser considerado como un punto de partida para el pensamiento cristiano sobre los espectáculos y las diversas formas de comunicación.

La Comunicación como Apología

En la literatura cristiana aparecen, muy tempranamente, títulos como el de spectaculis, sobre los espectáculos -y muy próximos a los relacionados con los juegos- mucho tienen que ver con el modo y actitudes ante las formas de Comunicación. Es sugerente comprobar como el más antiguo Tratado que discurre acerca de los Espectáculos, llegado hasta nosotros, es un escrito, de fines del siglo II, del africano Tertuliano. En una geografía distinta del pasaje de los Hechos, Asia Menor, en los primeros pasos de la Iglesia en África el de spectaculis tertulianeo -referencia única para saber cómo se manifestaba en sus expresiones artísticas y comunicativas el mundo pagano- va unido al Apologeticum, una conocida exposición y defensa del cristianismo.

Los Tratados de spectaculis -la actitud que hay que mantener antes estas formas propias del ocio y que miran a la información sobre cuestiones básicas de la vida- para los cristianos son inseparables de la Apología. El interés de fondo en estos escritos cristianos que miran más directamente a la manera de estar en el mundo los cristianos es afirmar que lo que el pensamientos sobre los espectáculos es indisociable del pensamiento acerca de la Comunicación.

Los Medios de Comunicación y la expresión de lo humano mediante la imagen y la palabra para estos autores de los primeros siglos deben estar al servicio de la Apologética, de la defensa y Comunicación pública del mensaje cristiano; son medios para que la imagen y la belleza expresen la verdad del Creador, de la criatura y de la creación y la sociedad se convierta en Humanidad nueva. El católico en la Comunicación donde prima la imagen y la palabra debe favorecer el encuentro del hombre con la belleza de la fe.

«…Renunciamos –escribe Tertuliano en su Apologeticum - a vuestros espectáculos, como también renunciamos a sus orígenes…; del mismo modo nos hacemos extraños a los contenidos que representan…».

El Octavio, un escrito del tiempo de Tertuliano, que llegó hasta nuestros días bajo la autoría de Minucio Félix, reflejaba un sentir similar al escribir: «Nosotros, que somos juzgados por nuestras costumbres y nuestro sentido del pudor, con razón nos abstenemos de los malos placeres, de vuestras ceremonias y espectáculos, cuyo origen sagrado conocemos y cuyos perjudiciales encantos condenamos…».

La actitud apologética en la exposición de la verdad sobre el mundo y sobre el modo de vivir se atiene al principio expresado por el cristiano ateniense, Atenágoras, en la segunda mitad del siglo II, de este modo: «Nosotros somos en todo y siempre iguales y acordes con nosotros mismos, pues servimos a la razón y no la violentamos» . Textos similares se pueden leer en otras importantes Apologías cristianas que describen la vida cotidiana de los bautizados. Podríamos añadir, sin alejarnos del siglo II, a Taciano y Teófilo de Antioquía.

Superstición, inmoderación (insania), deshonestidad (impudicitia) y soberbia o vanidad (vanitas) son términos que son rechazables y rechazados por los autores cristianos cuando se refieren a las actitudes que los convertidos deben mantener en su relación y comunicación con la sociedad.

Fe, vida y verdad

Son de subrayar, aunque sea a título de mera cita, los tres grandes vectores en la más antigua literatura cristiana presentes en los genéricos títulos «sobre los espectáculos» (de spectaculis): el cristiano en la actividad que requiere imagen para expresar los distintos aspectos de la realidad y de la vida no debe pactar jamás con la idolatría y las diversas formas que ésta pueda adoptar. El cristiano en todos los lugares en los que está presente denuncia y prescinde de las variadas formas o representaciones idolátricas. Es exigencia básica que Tertuliano define como status fidei (estado de la fe). El estado de fe comporta la radical incompatibilidad con lo que se opone a la prescriptum disciplinae (la moral), o lo que es lo mismo a una recta conducta acorde con los mandamientos de Dios; y, en tercer lugar, el manifestar el convencimiento de que la ratio veritatis (la razón de la verdad) es inseparable de Dios.


En continuidad con lo dicho, un autor cercano a la tradición latina africana, en la primera mitad del siglo III, advertía a los cristianos que su actitud ante lo que se comunicaba sea en el ágora sea en los espacios donde era convocado el pueblo tiene que atenerse a la profesión de fe para poder ser irreprensibles en la vida cotidiana. Cuando ésta se abandona y los cristianos actúan y participan de las intervenciones que van contra el mensaje y vida cristianas no solo viene reafirmada la idolatría coloreada con las más sutiles formas a lo largo de la historia sino que la vera et divina religio es pisoteada, ultrajado el nombre de Dios y despreciadas las orientaciones de la Escritura. Es de suma gravedad llamarse cristiano y actuar según la ley de la idolatría. Si no se mantienen estos principios es imposible suscitar la virtud con vistas a la salvación, fin de toda relación y comunicación cristiana.

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