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Luchar para ser felices PDF Imprimir E-Mail
Escrito por P. Luis Butera V., msp   
viernes, 01 de junio de 2007

Todo hombre vive para ser feliz. Nada se planea o se hace para ser infeliz. Se huye de todo tipo de sufrimiento, espiritual y físico, y se lucha para alcanzar un estado de vida rebosante de felicidad. El trabajo, el estudio, los negocios, las relaciones familiares, sociales, políticas… no tienen otro objetivo que el de sentirse realizado, satisfecho, feliz.

Esto es intrínseco a nuestra naturaleza humana; es decir, Dios nos ha creado para la felicidad. Por lo tanto, todo lo que concurre para lograr la felicidad propia y de los demás es querido por el Creador, porque va de acuerdo a su proyecto. Naturalmente, lo que puede dar felicidad no es lo efímero, pasajero, engañoso, que luego deja a la persona más infeliz, sino lo consistente y duradero.
En aras de la felicidad, a veces nos toca aceptar cualquier tipo de sufrimiento, moral y físico, con tal de alcanzarla. Así es el caso de una humillación en la escuela o en el trabajo, de una operación quirúrgica, que ofrecen buenos resultados a costa de sacrificios.
Esta tendencia de la naturaleza humana nos obliga a sopesar nuestras acciones para alcanzar la felicidad. Renunciar al uso de la razón en la búsqueda de la felicidad nos puede llevar a la frustración vivencial, porque podríamos ser víctimas de graves errores. Además iríamos contra nuestra naturaleza racional. Es lo que sucede con los afectos a las drogas, al alcohol, al tabaco, a los alimentos prohibidos por los médicos, etc. Quienes acostumbran todo esto no usan la razón para ser felices, sino que se dejan llevar por el apetito incontrolado. Las consecuencias son fatales.
En estos últimos tiempos se ha discutido mucho sobre la legalización del aborto. Los defensores de este acto inhumano argumentan que lo hacen en vista de la felicidad de la madre. Un hijo no deseado podría crearle serios problemas por su realización profesional, sus relaciones con sus padres o con la sociedad. Estos problemas acabarían con su felicidad. Entonces, hay que matar a la criatura que lleva en su seno. Si usaran un poco la razón, se darían cuenta que el aborto agravará la infelicidad de la mujer para toda la vida. Más de noventa por ciento de las mujeres que se han practicado el aborto están atormentadas por ese delito. La ley no les quitará nunca ese remordimiento. Despedazar a un inocente no es un suceso menor en la vida de una persona.
La razón y la experiencia nos dicen que el aguantar, por unos meses, el rechazo de los más cercanos, se transforma en alegría para toda la vida al abrazar un precioso bebé, quien, bien educado, llenará felizmente el vacío de la vida de esa mujer.
Además, justificar el aborto diciendo que la mujer es dueña de su propio cuerpo es puro sofisma, porque no se trata de su cuerpo, porque no es éste que va a mutilar, sino de la vida de otro ser que lleva en su cuerpo.
Con la legalización del aborto no sólo no se proporciona felicidad a la madre, sino que se propician nuevos embarazos no deseados al darles fácil solución y, por consiguiente, nuevas tragedias para la vida.
¿Cuándo entenderán esos súper sabios que defienden el aborto y todo tipo de anticonceptivos que el problema no se resuelve yendo al efecto sino a la causa?
La causa de todo esto es la falta de una justa educación. De eso debemos preocuparnos para no tener más homicidios y suicidios.
Para favorecer la felicidad de los demás, aprendamos a dar una buena educación, usando todos los medios legítimos, e impidamos la mala educación condenando a las personas y a los medios que la proporcionan.

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Modificado el ( sábado, 19 de julio de 2008 )
 
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