|
Dios no quiere que estés solo. Dios no quiere que vivas aislado. Cristo para que tú vivas feliz, fundó una familia especial: la Iglesia. La palabra Iglesia viene del griego Eklesia y significa: Comunidad, Asamblea o Congregación. Es la reunión de los hijos de Dios. Jesús la fundó para que todos viviéramos, compartiendo penas y alegrías. Es el fruto del amor, puesto que Jesús la fundó con su sangre en la cruz (Hech. 20,28).
Por lo tanto sus frutos deben de ser de amor. Al ver la gente a los discípulos de Cristo el primer signo que debe de ver en ellos es el amor.
En esto reconocerán todos que son mis discípulos: en que se aman unos a otros. Jn 13,35
Cuando la Iglesia nació en Pentecostés ese era el principal signo que veía en ellos la gente.
Sin embargo esta familia fue creciendo y con el paso del tiempo, se nos fue olvidando que todos somos hermanos, aislándonos completamente, dejando en nuestros corazones, rencor y amargura.
¿Qué podemos hacer entonces?
Regresar al estilo de vida de la Iglesia Primitiva. Leemos en Hech. 2, 42-47 leemos:
Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones. Toda la gente sentía un santo temor, ya que los prodigios y señales milagrosas se multiplicaban por medio de los apóstoles. Todos los que habían creído vivían unidos; compartían todo cuanto tenían, vendían sus bienes y propiedades y repartían después el dinero entre todos según las necesidades de cada uno. Todos los días se reunían en el Templo con entusiasmo, partían el pan en sus casas y compartían sus comidas con alegría y con gran sencillez de corazón. Alababan a Dios y se ganaban la simpatía de todo el pueblo; y el Señor agregaba cada día a la comunidad a los que quería salvar.
De acuerdo a este texto necesitamos cambiar en dos cosas:
PRIMERO: necesitamos que tu grupo de evangelización, parroquia o comunidad, se divida en pequeñas comunidades, los cuales no deberán tener más de 20 miembros, esto es para que se conozcan bien (son hermanos que ya vivieron su retiro de conversión). Son personas que se preocupan por ellos y se ayudan, no solo en lo espiritual, sino también en lo material (físico) y en lo intelectual (mental).
Una pequeña comunidad es una pequeña familia perteneciente a la gran familia de Dios que es la Iglesia.
SEGUNDO: necesitamos adquirir los 4 hábitos que en Hech. 2,42 tenían los primeros cristianos católicos:
1er. Hábito: Acudían a la Enseñanza de los apóstoles. Esto es traducido en otras palabras a la catequesis (enseñanza, instrucción, estudio). Precisamente la catequesis es la enseñanza progresiva en la fe. No se trata de la clase de catequesis que se les da solo a los niños, se trata de una verdadera formación sistemática, bíblica y continua para todas las edades. Si al terminar tu retiro de conversión, tú no te sigues preparando, entonces terminaras enfriándote y retirándote del camino verdadero. Puesto que el retiro de conversión es solo la plantación de la semilla, en cambio tu estudio bíblico semanal es el riego para que esa semilla crezca.
2º. Habito: Acudían a la convivencia. Quien se ha encontrado con Cristo debe de vivir en fraternidad con sus demás hermanos, conviviendo con ellos como si fueran de su familia. Comparte cuanto tengas, ya sea, en lo material, intelectual o espiritual. Ayuda, no mantengas, a quienes lo necesitan empezando con los hermanos de tu pequeña comunidad. Recuerda que el verdadero valor de las cosas, no está en tenerlas, sino en usarlas. El realizar convivencias (comidas) ayudara a que los hermanos se conozcan con más confianza.
3er. Hábito: Acudían a la Fracción de Pan. Este es el nombre que le daban a la Eucaristía. Como vemos para los primeros cristianos era muy importante acudir constantemente a la Eucaristía. Puesto que así como uno necesita constantemente de alimento físico, también uno necesita de alimento espiritual. En Lc. 24,13-32 vemos como los peregrinos de Emaús son alimentados directamente por Cristo de la Palabra de Dios y después se realiza la Fracción del Pan de la cual son alimentados. La Iglesia nos enseña que por lo menos lo hagamos cada 8 días. Es muy importante también que procures confesarte regularmente, los obispos y sus colaboradores los sacerdotes, tiene el poder otorgado por Cristo a sus apóstoles de perdonar los pecados (Jn. 20,23). El no hacer esto, te hace indigno de participar del banquete de Dios (La Eucaristía), más si te encuentras en pecado mortal (1 Cor. 11,27-29).
4º. Habito: Acudían a las Oraciones. Para ser fuerte todo el día, todos los días, necesitamos convertirnos en hombres y mujeres de oración. Haciendo oración personal todos los días y por lo menos cada 8 días en nuestra pequeña comunidad reunirnos para hacer oración.
El volver a hacer lo que la Iglesia Primitiva practicaba, créeme que eso fortalecerá tu fe. En muchos casos, los primeros que quieren que abandones al Señor, pueden ser tu propio esposo (a), hijos, papas, parientes, vecinos o amigos. Aunque es importante que tú les hables y des testimonio de Cristo vivo. El estar cerca de personas que vivan tu fe, te animará a seguir adelante. Sólo los usuarios registrados pueden escribir comentarios. Por favor valídate o regístrate. Powered by AkoComment 2.0! |